Psicología comunitaria. La promoción de la salud y el lazo social contemporáneo (parte 1)

El objetivo de este post es señalar algunas coordenadas teóricas en la problematización acerca de la praxis de la Psicología desde algunos conceptos que implican a la Psicología comunitaria, considerando los postulados y desafíos que ésta asume, desde un enfoque biopsicosocial y partiendo de la caracterización de la sociedad en la que despliega su praxis como configuración del Capitalismo financiero.

Reconocer y conocer la matriz social en la que se desarrolla la práctica cotidiana de todo psicólogo  implica comprender que el bienestar de nuestros pacientes se juega no sólo en el consultorio, la cínica o el hospital, sino en la posibilidad de transformación social hacia un horizonte de mayor justicia e igualdad.

Este posicionamiento, no sólo no es inocente, sino que también es coherente con las orientaciones epistemológicas más avanzados, orientados desde las posturas transdisciplinarias.

Considero al respecto que la tarea de caracterización de esta matriz social (que complementa y avanza más allá del concepto de “baño significante”, por cuanto pone también en juego lo imaginario y lo real que también se juega en toda sociedad) es una de las tareas pendientes y necesarias para el desarrollo de la Psicología Comunitaria.

1

A partir de la labor teórica de autores como Maritza Montero (Montero, 2004), puede concebirse a la Psicología comunitaria como:

“(…) aquella que trata de la comunidad y que es realizada con la comunidad. Esta definición permite delimitar lo comunitario y lo asistencial con bastante claridad, pues, si se excluye el rol activo de la comunidad, podrá tratarse de aplicaciones psicológicas concernientes a la salud, la educación, el asesoramiento, aspectos específicamente clínicos que, aunque tengan lugar en el territorio propio de la comunidad (si lo hay), no implicarán un trabajo comunitario al no contar con la participación de quienes integran la comunidad a la cual se dirijan esas acciones ni con su perspectiva del asunto.

Esto supone una característica, realmente la primera y primordial, la esencial de la psicología comunitaria: lo comunitario incluye el rol activo de la comunidad, su participación.” (p 31)

definición cargada de compromiso subjetivo y teórico.

Un proyecto profesional y comunitario así asumido amerita una profundización epistemológica que le dé mayor sustento y pueda trascender la buena voluntad de las declaraciones internacionales y respalde la tarea cotidiana de los profesionales que  la practican, ya que el desarrollo teórico es uno de los desafíos actuales de esta psicología.

Ya en la década del ´70, José Bleger (Bleger, 1984) inició un programa aún pendiente para la Psicología en general: consideraba que, desde sus inicios, la Psicología había ido ampliando su campo de intervención desde lo  individual a lo grupal, de lo grupal a lo comunitario, y de lo comunitario a lo social. En este recorrido, se habría aplicado a cada ámbito las categorías teóricas de lo individual. El nuevo momento consistiría en lo que podría considerarse una síntesis dialéctica mediada por el recorrido de un “camino regrediente” a partir del cual se habilite la aplicación de categorías sociales a lo comunitario, lo grupal y lo individual. Decía además:

“(…) el psicólogo como profesional, debe pasar de la actividad psicoterapéutica (enfermo y curación) a la de psicohigiene (población sana y promoción de la salud) (…) para ello se impone un pasaje de los enfoques individuales a los sociales. El enfoque social es doble: por un lado, comprende los modelos conceptuales respectivos, y por otra parte, la ampliación del ámbito donde se trabaja. Para lograr todo esto, es necesario el desarrollo de nuevos instrumentos de trabajo: conocimientos y técnicas que puedan hacer viables las tareas y fructíferos los pensamientos” (p. 44)

Cabe destacar que, desde diferentes aportes teórico-prácticos, este programa se ha ido desarrollando, muy especialmente en América Latina, a través de los trabajos de Maritza Montero, Víctor Montero López, entre otros. Por otra parte, en las últimas décadas se ha avanzado a nivel internacional en la construcción de consensos para el abordaje la Salud Pública, con nuevas concepciones acerca del proceso de salud-enfermedad y las estrategias de intervención y promoción comunitarias. Dan cuenta de ello documentos como la Declaración de Alma Ata (OMS, 1978) y la Carta de Bangkok (Bangkok, 2005).

Las coordenadas socioculturales  que marcan el campo de acción son las de un tipo de lazo social atravesado por el discurso del Capitalismo financiero, en las que se manifiesta de manera paradigmática la emergencia de nuevas sintomatologías (del orden de las patologías de la pulsionalidad) que demandan nuevas formas de intervención (asociadas a la acción comunitaria) desde un enfoque biopsicosocial.

En este sentido, considero necesario y operativo enfocar el fenómeno de las violencias, entendiendo el concepto violencia como manifestación particular de la agresividad constitutiva del sujeto como pulsión de muerte, pero, en tanto desanudada de operaciones simbólicas de inscripción psíquica de la ley, dirigida a sí mismo o al prójimo, sin posibilidad de control o sublimación. Es un fenómeno que por sus características, causas e implicancias, necesita ser abordado desde lo comunitario.

La  dilucidación de sus condicionantes, operadores y dinámicas tiene un valor estratégico, no sólo por su orientación en el abordaje de su prevención y consecuencias, sino también porque puede considerarse como un condensador de configuraciones subjetivas que en la actualidad que se expresan en síntomas relacionados con lo pulsional expuesto.

La necesidad de profundización teórica desde una perspectiva biopsicosocial de la Psicología Comunitaria confluye con la necesidad de respuesta a las nuevas vivencias de lo real que se configura en el plano social. Y su praxis puede aportar a la visión de una nueva subjetividad, orientada ya no al sujeto-sujetado-objeto (infatuación del sujeto) (Imbriano, 2010), sino al desarrollo de las potencialidades del ser humano.

2.

En este trabajo de construcción es necesario partir de Freud.

Uno de sus postulados más luminosos y novedosos de enfoque social aparece en Totem y tabú: la raíz pulsional del lazo social (Freud, Totem y tabú, 1991): el protopadre monopoliza el comercio carnal, por lo tanto, la circulación de los cuerpos,  deseo y goce, siendo dueño de todas las mujeres del clan. Los varones deciden matarlo para poder acceder al goce vedado. Luego del crimen y del banquete en el que el padre es incorporado, sobreviene la culpa retrospectiva y se instaura, ya en registro simbólico, la prohibición del incesto y del parricidio, ley alrededor de la cual se orientarán todos los intercambios, normas y saberes. Es decir, es a partir de la regulación del goce por el deseo que adviene la organización social.

En El malestar en la cultura (Freud, 1991) concibe a la sociedad tan necesaria como causante de malestar. La figura del padre en tanto función, habilita vía resolución edípica la organización cultural y el tratamiento de lo pulsional a partir de su acotamiento.

Estos señalamientos nos sirven para problematizar lo social desde el discurso de la Psicología. Lo que se ha ido modificando en la sociedad actual son los modos de satisfacción de pulsional. Y esto no es casual: todo sistema económico se asienta en una subjetividad particular. El sistema capitalista, en su máxima expresión bajo la forma de la expoliación financiera, es la máxima expresión del malestar cultural.

Según Marx (Marx, 1984), dada la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en el sistema capitalista, el capital necesita, por un lado, extraer plusvalor (trabajo no remunerado) al trabajador y aumentar la tasa de explotación (vía eficiencia tecnológica), y por otro lado imprimir mayor velocidad a la circulación de capital y mercancías para poder realizarse más rápidamente. A partir de ahí, todo un sistema político, legal y cultural legitima ese orden. Ahora bien, a pesar de todas las manipulaciones, las crisis económicas son de carácter recurrente, y cada vez más frecuentes. La única manera de supervivencia para el capital es poder contar:

con una población que consuma cada vez más, de manera de lograr el disciplinamiento por el miedo a la pérdida del empleo y/o la identidad,

con la homogenización de los mercados para mejorar la economía de escala con borramiento de diferencias

con aumento de la tasa de explotación y exclusión social y

con la transfiguración de capital productivo a financiero, de manera que la especulación genere las ganancias para las que estructuralmente no alcanza a generar.

Por otra parte, a través de la difusión obscena de prácticas perversas de tortura en guerras internacionales, genera una identidad de omnipotencia y omnipresencia que obtura los intentos de replantear la resistencia al Otro imperial que también invade con sus mandatos y slogans publicitarios en la existencia cotidiana.

Es así como, a la par de la producción de mercancías, se producen subjetividades que no sólo las consuman sin cuestionar, sino que las asuman como imprescindibles.

  Si se considera a la pulsión y al inconsciente como dos de los pilares fundamentales del corpus teórico de la Psicología, la pregunta por al modo de satisfacción pulsional funciona como un operador imprescindible para el análisis del marco en el que se desenvuelve su práctica.

Este contenido continúa en el post Psicología comunitaria. La promoción de la salud y el lazo social contemporáneo (parte 2)

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Acerca de BitPsi - Francisco Arturi

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