Psicología comunitaria. La promoción de la salud y el lazo social contemporáneo (parte 2)

Como se mencionaba en la parte 1 de este post, si se considera a la pulsión y al inconsciente como dos de los pilares fundamentales del corpus teórico de la Psicología, la pregunta por al modo de satisfacción pulsional funciona como un operador imprescindible para el análisis del marco en el que se desenvuelve su práctica

El mandato al consumo que domina la sociedad capitalista, que implica la subordinación del ser al tener, se despliega desde la publicidad invasiva en medios de comunicación y en el espacio público y también en muchas producciones culturales como las sitcoms televisivas, el rítmico golpeteo de violencia informativa, donde las palabras más utilizadas,  crisis, violencia, muerte, pánico, terror, desastre, incertidumbre, alerta, forman parte de nuestras vidas y de muestra intimidad, y constituyen al  omnipresente Otro del Capitalismo y a su sujeto angustiado ante la omnipotencia. Es el gran Otro que satura con “la papilla de la  necesidad” (Lacan, 1986) con su incitación recurrente al consumo anticipado de objetos perecederos antes de ser adquiridos.

Esta angustia de tener para ser a través del consumo permea todas las edades y todos los estratos sociales y provoca mal-estares  donde ante la vivencia de inermidad e indefensión frente a la oferta del exceso imprescindible. En las capas medias genera consumo y competencia, en los estratos más bajos, exclusión y rencor. En todos insatisfacción y alienación.

No resulta aventurado entonces ubicar las causas de esta situación en dos operaciones:

  • un déficit de inscripción de la ley del padre (exceso de goce) y

  • las prácticas de terror masivo que se vienen produciendo desde la llamada Primera Guerra Mundial (goce del Otro desde el terror)

ambas, manifestación de un mismo proceso de construcción de subjetividad.

Respecto a la función paterna fallida, el camino de la aceptación de la castración que lleva a la resolución edípica (desde Freud)/la preexistencia del orden simbólico (desde Lacan) , ordena lo pulsional. Si el sistema económico necesita que la oferta creciente de objetos perecederos sea agotada y reemplazada indefinidamente en un tour pulsional en constante aceleración, lo que requiere  y  produce son subjetividades propensas al desborde pulsional, a la necesidad de satisfacción inmediata, permanente y efímera, al exceso de goce.

La función paterna/el orden simbólico media entre los seres de deseo/goce y el ser social del sujeto. Contrariamente, el discurso capitalista realiza una operación magistral y de enormes consecuencias: impone un ser social en el que cada uno tiene valor en tanto mercancía, valor de cambio, y además, sujetos con imperativo de goce. Cosificación en ambos casos.

La inscripción normativa incompleta, que lleva al desborde pulsional, opera promoviendo la emergencia del Yo ideal a expensas del repliegue del Ideal del Yo  y el  despliegue narcisista.

Puede decirse entonces que, desde el imaginario social, desde las inscripciones simbólicas sociales, se produce una coalescencia entre Yo ideal e Ideal del yo.

Sujetos tomados por el goce del Otro que lo lleva más allá del principio del placer con costo de padecer y de dificultad de simbolización de la experiencia (Agamben, 2011). Objetos entonces, de una voluntad ajena aceptada como natural y cuyas consecuencias no pueden tramitarse.

No lo saben, pero lo hacen, decía Marx en El Capital (Marx, 1984), comportamiento que puede corresponder al sujeto acéfalo de la pulsión. También caracteriza Zygmunt Bauman (Bauman, 2003):

(…) viviendo en la esclavitud, se sienten libres y por lo tanto no experimenten ninguna necesidad de liberarse. (p 22)

La imposición de la homogenización necesaria para la producción en gran escala a bajo costo se realiza a expensas de una ilusoria igualdad, a través de un discurso donde se borran las diferencias y a la vez se excluye a quienes no pueden acceder al mercado, expulsados por el mismo sistema, los políticos cambian de propuestas según el humor del mes de sus potenciales electores y la autoridad se reparte entre el poder político y el económico, es decir, aparece desdibujada. Todo esto constituye la expresión más acabada de la renegación a nivel social.

Las prácticas del terror, implementadas desde gobiernos, tanto dentro de sus países (desde Golpes de Estado y desaparición forzada de personas hasta medidas económicas de “shock”) como en países invadidos (genocidio armenio, campos de concentración, Vietnam y el napalm, guerra de Irak con soldados fotografiándose mientras violan y torturan), muestran directamente lo Real, lo sin nombre, el dolor y el horror indescriptibles. El goce irrefrenable en la denigración de lo humano y la destrucción de la carne realizada con justificaciones racionalizadas y burocrática banalidad de un Amo todopoderoso que puede disponer de vidas a su antojo, prepara el terreno para la aceptación de cualquier mundo que luego proponga, desde la esclavitud hasta la ilusión de libertad.

¿Cuáles son las consecuencias en la economía y la estructuración psíquicas de una función paterna fallida y de las prácticas terroríficas?:

Respecto a la primera:

-La inflación del yo ideal, narcisista, a expensas del Ideal del yo que acompaña a la resolución edípica

-Predominio de la función de objeto como elemento de goce en lugar del objeto como causa de deseo a partir de su estatuto de perdido

-Reinado del Super yo, que implica imperativo de goce incesante

-Sujetos atrapados en el exceso de goce, de características autoeróticas

-Sujetos excluidos del sistema, en situación de pobreza extrema, indefensos ante el puro real de la lucha cuasi animal por la supervivencia.

Respecto a las segundas:

-El imperio de un Super yo gozador, caprichoso y terrorífico inscripto como representación psíquica y social.

-Coalescencia entre Ideal del yo  y Yo ideal

Ahora bien, la consecuencia de que no exista  acotamiento pulsional es el exceso, es decir, la supremacía tanática: sujetos enfrentados a lo real con escasísimas habilidades para la mediación simbólica, lo cual los patentiza en el síntoma que a su vez es única forma de denuncia. Es entonces entre la exposición de lo real y el baño significante de la cultura de la compulsión a tener donde se cultiva el caldo de las patologías de la pulsionalidad, los ataques de pánico, todas las formas de la violencia hacia sí mismo o hacia los demás, es decir, el debilitamiento del lazo social.

Ha sido ése el gran triunfo civilizatorio: producir sujetos anhelantes de satisfacción inmediata, ya sea ruidosa o muda, enfrentados a la pulsión desenfrenada, al trop de mal. Anorexia, bulimia, adicciones en todas sus variantes, transgresiones y asesinatos, son los nombres de la violencia tanática que se ha venido sembrando culturalmente en las últimas décadas.

Las consecuencias para la para nuestra praxis (Imbriano, 2012):

En la actualidad tenemos un problema, los síntomas no se subjetivizan, los consultantes son tomados por sus síntomas de goce en lo real, sus síntomas son modos de patentización del sujeto en lo real (p. 152)

3

Ahora bien, dentro de la Psicología, el psicoanálisis como discurso permite un abordaje a partir del cual se puede ver la imbricación de lo biopsicosocial, pero justamente por eso, muestra su insuficiencia para abordar por sí misma los síntomas contemporáneos. Es por eso que resultan necesarias una reproblematización de las implicancias socioculturales (donde se incluye lo económico y lo político) de la labor del psicólogo y  una reconfiguración de su rol, asumiendo los desafíos del sincretismo entre diferentes corrientes y del trabajo transdisciplinario practicado desde la Psicología comunitaria.

Lo que implica:

  • Abordar lo comunitario como objeto de estudio e intervención a través de un enfoque holístico donde se imbrican factores psíquicos, socioculturales, biológicos e histórico-políticos

  • Concebir la intervención como parte del objeto, asumiendo la mutua implicancia de sujeto y objeto y no su separación

  • Asumir la práctica psicológica como dinamizadora del cambio social

  • Trabajar constantemente en una praxis social, entendida como dialéctica de teoría y práctica

  • Trabajo en equipo

  • Aceptación del rol activo de la comunidad

  • Aceptación del rol del psicólogo como agente de cambio social

  • Creación y participación en actividades orientadas al fortalecimiento comunitario

Si bien no se descarta la intervención individual clásica, ya que siempre será necesaria desde el momento mismo en que nunca nos encontramos antes dos subjetividades idénticas, desde esta reproblematización, es posible trazar un mapa que muestra las diferencias entre la práctica psicológica habitual de la práctica comunitaria como instancia superadora en la clínica:

Psicología individualista

Psicología comunitaria

Campo de intervención

Individuo

Comunidad

Epistemología

Unidisciplinaria

Transdisciplinaria

Implicancia

Neutralidad científico técnica

Compromiso con el cambio de la realidad social

Decisión

Centrada en el psicólogo

Potenciación de los mecanismos de decisión colectivos

Foco de intervención

Síntomas individuales

Factores de riesgo de etiología social

Objetivos

Sólo terapéuticos

Transformación de la realidad sociocomunitaria

Enfoque

Terapéutico

Preventivo, de promoción y desarrollo

 Modificado de (Montero López, 2007)

 

Es posible concebir dimensiones para la Psicología comunitaria (Montero, Teoría y práctica de la Psicología comunitaria, 2006), lo cual puede ayudar en la práctica y la construcción de un corpus teórico:

1) Epistemológica. Producción intersubjetiva de conocimiento

2) Ética. Inclusión de lo colectivo como factor y agente de conocimiento

3) Metodológica. Predominancia de modelos participativos.

4) Ontológica. Concepción del sujeto cognoscente, donde se implican investigadores, psicólogos, como también a los miembros de la comunidad

5) Política. Conocimiento como factor de transformación social

Las nuevas formas del lazo social interpelan al psicólogo y su emergencia amerita la modificación de su posicionamiento subjetivo si su deseo se orienta a contribuir al bienestar de sus pacientes.

En este desafío, el enfoque de la Psicología comunitaria se presenta como el de mayor eficacia desde lo profesional y como una de las modalidades de realización humana.

Implica la creación de dispositivos adecuados para trabajar  en situaciones grupales, colectivas.

Esto lleva a considerar no sólo lo intrasubjetivo (propio de la clínica clásica, sino también lo intersubjetivo (dado en la interacción vincular) y lo transubjetivo (la matriz sociocultural).

Las perspectivas en cuanto a la productividad teórico-práctica que se abre desde este enfoque es tan amplia que aún no está dimensionada: en esta línea teórica René Kaës, por ejemplo, plantea la consideración de diferentes tipos de inconsciente para cada uno de estos tres niveles de relalcionamiento subjetivo (Kaës, 2007).

Como se observa, la fertilidad de esta orientación y su capacidad de profundización abren grandes perspectivas y esperanzas de avance en el conocimiento del ser humano y su desarrollo.

La psicología comunitaria se concibe como una praxis de transformación, basada en la participación y comprometida con el aporte de soluciones desde la intervención conjunta de diferentes disciplinas.

En este marco, ni la comunidad ni el sujeto son concebidos como meros receptores, ni lo psicológico como único condicionamiento ya que se ocupa de fenómenos psicosociales producidos en relación con procesos de carácter comunitario, tomando en cuenta el contexto cultural, natural y social en el cual surgen buscando siempre el fortalecimiento comunitario y la mejora en la calidad de vida de sus integrantes.

El desafío para los psicólogos está planteado entonces en repensar su implicación,  renunciar a concebir lo psíquico como única fuente de sentido, asumirse humildemente como un agente más del cambio pero también como un motorizador fundamental en el trabajo permanente por el bienestar, la salud y una vida digna.

Francisco Arturi


Bibliografía:

Agamben, G. (2011). Infancia e Historia. Buenos Aires, Argentina: Adriana Hidalgo Editora.

Bangkok. (2005). Carta para la promoción de la salud en un mundo globalizado.

Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Mexico, Mexico: Fondo de cultura económica.

Bleger, J. (1984). Psicohigiene y psicología institucional . Buenos Aires, Argentina: Editorial Paidós.

Freud, S. (1991). El malestar en la cultura. Buenos Aires: Amorrortu .

Freud, S. (1991). Totem y tabú. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores.

Imbriano, A. (2010). La odisea del siglo XXI. Buenos Aires, Argentina: Letra Viva.

Imbriano, A. (2012). La tanatopolítica y su violencia. Cali, Colombia: Ed. Universidad San Buenaventura.

Kaës, R. (12 de abril de 2007). Los vínculos y alianzas inconscientes. Página 12.

Lacan, J. (1986). Los conceptos fundamentales del psicoanálisis. El Seminario XI. Buenos Aires, Argentina: Paidos.

Marx, K. (1984). El Capital. Buenos Aires, Argentina: Siglo XXI.

Montero López, V. (2007). Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Recuperado el 2013, de http://www.unmsm.edu.pe/psicologia/documentos2007

Montero, M. (2004). Introducción a la psicología comunitaria. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Montero, M. (2006). Teoría y práctica de la Psicología comunitaria. Buenos Aires, Argentina: Paidos.

OMS. (1978). Declaración de Alma Ata. N. York.

Salud, O. M. (1978). Declaración de Alma Ata. Declaración de Alma Ata.

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